PARAGUAY EL GRAN ENCLAVE DE EEUU
Uno de los procesos estratégicos que merece especial atención es el creciente acercamiento entre Paraguay y los Estados Unidos en materia de seguridad, defensa e inteligencia. La firma del Status of Forces Agreement (SOFA), el fortalecimiento de la cooperación con el Comando Sur (SOUTHCOM) y la ampliación de los mecanismos de intercambio con agencias federales estadounidenses reflejan una decisión política de profundizar esa relación.
Desde la perspectiva de Washington, Paraguay ocupa una posición privilegiada en el centro del continente. Su ubicación geográfica, la proximidad con la Triple Frontera, el acceso a la Hidrovía Paraguay–Paraná, las represas hidroeléctricas y su cercanía con regiones de gran riqueza en recursos naturales convierten al país en un punto de interés estratégico dentro de la competencia global por la influencia en América del Sur.
Análisis Crivisqui
Desde la mirada del Sur Global, la pregunta no es si un país tiene derecho a cooperar con otra potencia; la verdadera cuestión es cómo esa cooperación impacta sobre la autonomía de los pueblos y sobre la capacidad de los Estados sudamericanos para definir su propio destino.
La historia latinoamericana demuestra que las grandes potencias —sean occidentales u orientales— actúan, ante todo, en función de sus intereses nacionales. Por ello, la integración regional y la construcción de capacidades propias constituyen condiciones indispensables para preservar márgenes de decisión soberana.
Para la Argentina, el fortalecimiento de la presencia estratégica de Estados Unidos en Paraguay modifica el escenario regional y exige una lectura que trascienda las coyunturas políticas. No se trata de interpretar estos movimientos desde una lógica de confrontación ideológica, sino de comprender cómo evolucionan las relaciones de poder en el Cono Sur y cuáles son sus consecuencias para la soberanía, la seguridad, el desarrollo y la integración de nuestros pueblos.
En un mundo cada vez más multipolar, el desafío para América del Sur consiste en evitar convertirse únicamente en un espacio de disputa entre potencias y avanzar hacia una mayor capacidad de decisión propia.
La verdadera fortaleza de la región dependerá de su posibilidad de construir cooperación, infraestructura, ciencia, tecnología y políticas comunes que respondan, en primer lugar, a los intereses de sus pueblos.